DOCUMENTO PARA LA REFLEXION
NIÑOHUE
El Movimiento Scout , entre luz y sombra, entre Ley y zozobra.
R.P. Guido Blanchette, O.M.I.
EXTRACTO DE LA NOTA ENVIADA POR LA COMISION PASTORAL DE GUIAS Y SCOUT DE CHILE
PARA LA REFLEXION, DISCUSIÓN Y NUEVAS MIRADAS DE NUESTROS DIRIGENTES Y GUIADORAS FRENTE A LOS PROCESOS FORMATIVOS INSTITUCIONALES.-
“Refundar” el Movimiento Scout
¿Con qué moral o derecho llegamos a configurar un Movimiento que ya no atrae a los niños; y si los atrae, pronto les decepciona? ¿Podemos considerar que la inmensa mayoría de los niños y jóvenes de un país entero son anormales porque no se sienten atraídos por nuestra oferta? Si tan sólo uno de cada 15 menores chilenos con edad de estar en nuestras filas se pusiera el uniforme, nuestra Asociación tendría 150.000 integrantes, lo suficiente para remecer una nación. Y esto sí sería un fenómeno social.
Ahí está nuestro desafío. No en complicar lo que muchos parecen entender poco. ¿Qué nos está pasando si en 15 años hemos perdido la mitad de nuestros efectivos? Es verdad que hay menos nacimientos y por ende menos niños. Es verdad que las alternativas de entretención son bastante más variadas. Es verdad que nuestra sociedad se encuentra en plena crisis de readecuación a los tiempos nuevos. Es verdad que la jornada escolar completa…
Todo esto para nosotros ha de ser desafío, no excusa. Si los tiempos cambian, nosotros, adultos en medio de los chicos, debemos adecuarnos y encontrar la respuesta junto con los niños. Si hay que refundar el escultismo, sin traicionarlo, ésa es nuestra tarea.
No es digno de nosotros desviar la atención hacia otras pistas que nos resultan más fáciles, pero que no llevan a ninguna parte. Si el Movimiento Scout nació de espalda a las aulas escolares ¿cómo podemos llenar nuestros esquemas con los tecnicismos de la educación formal? Sobre todo cuando la mayoría de ellos son trasplantados, dudosos o inaplicables.
Desafío a cualquier teórico del escultismo a que se pare en medio de un grupo aunque sea por un año, especialmente en sectores populares, en cualquier Niñohue. Que venga a responder a los niños, en su peculiar idioma, sin venderles ninguna “pomada”. Encontrará que son poco aficionados a este tipo de oferta.
El escultismo no es teoría. La animación de cualquiera Unidad Scout pasa necesariamente por una vivencia transparente de valores. Los niños tienen mirada de rayos X. Quien no se atreve a caminar con los jóvenes, podría a lo más “sugerir” pistas de acción: no dictar cátedra, menos imponer esquemas teóricos. Las fórmulas mágicas, los códigos y el control remoto sirven para los aparatos: no para humanizar seres vivos.
Hasta los más ilusionados entre nuestros dirigentes pueden terminar en desilusionados. Definitivamente, el problema de los scouts está primero en los adultos.
Nuestro objetivo central: los dirigentes
Los muchachos no vienen al Movimiento para que se luzcan los adultos. Si de promoción se trata, tiene que ser la de los y las jóvenes, de cada joven en la condición real en que se encuentra. Debemos formar a nuestros dirigentes para Pedrito, pensando en Pedrito: sí, Pedrito, su amigo René, Paula, Felipe, la Franchi, el Cototo y todo su grupo de amigos. En nuestro Movimiento son los mismos jóvenes quienes hacen “correr” a los adultos al ritmo de sus juveniles necesidades.
A todos nos parece obvio que si el joven cambia en una sociedad cambiante, sus dirigentes deben adecuarse a la situación. Nuestros planes de formación han de estar atentos a esta realidad. Si los adultos estamos “para”, debemos prepararnos “para”. El flanco débil de muchas teorías educacionales para nosotros es el énfasis que les damos. Muchas tienen un valor indiscutible. Pero ¿vienen al caso? Muchas materias son interesantes como cultura general y soporte de nuestros enfoques. Pero ¿llevan a lo medular o difuminan? En vez de un foco son una dispersión, y eso termina en confusión.
Acaso hay que recordar que muchos de nuestros dirigentes -quizás una respetable mayoría- no son discípulos de ninguna universidad. En nuestros grupos contamos con mujeres y hombres de calidad excepcional: son dueñas de casa, jefes de hogar, trabajadores, artesanos, técnicos, estudiantes. Ellas y ellos tienen una generosidad asombrosa y un “nervio educador” impresionante. Son educadores natos. Esta gente es la que mantiene nuestros Grupos funcionando.
Postulamos y esperamos que nuestro programa de formación optimice el aporte de tan valioso contingente: que no vaya a confundirlos, atosigarlos y desanimarlos.
La formación de dirigentes ofrece lo que menos se demanda
Observemos por un momento una realidad nuestra. En sus tandas de formación nuestra institución ofrece: elementos de historia del Movimiento, elementos teóricos del método, elementos de teoría educacional, elementos de psicología evolutiva, elementos de programación. Hablamos de “elementos” pues las circunstancias de nuestros cursos no dan para más: poco tiempo, poco contenido digerible y, a veces, poca capacidad del expositor. Esta capacidad dependerá del dominio de los contenidos, de la forma en que los ha asumido en su vida personal y también de la aptitud para transmitirlos.
Aun así nuestros dirigentes sacan provecho del fin de semana. Y la sensación no es de haber perdido el tiempo: es tanta la necesidad de aprender y compartir con sus pares. No se cuestiona el curso en sí: es un problema de contenidos. Los participantes vienen con la esperanza de ampliar sus repertorios de cantos y juegos, quieren conocer dinámicas nuevas, nuevos modos de aplicar el programa. Son insaciables a la hora de anotar recetas para cada cosa y situación. También cada uno quiere afinar su aplicación del método y buscar una confirmación para sus propias iniciativas en el trabajo con su Unidad. Algunos cursantes llegan a veces a defender contra tutti sus propios experimentos metodológicos.
Por una parte el curso da demasiado y, por otra, demasiado poco de lo que se
necesita.
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